viernes, diciembre 02, 2005

EL PODER DIGNIFICADOR DEL TRABAJO. PERSPECTIVAS Y RECOMENDACIONES.

Vamos a dejar las cosas claritas.

EL PODER DIGNIFICADOR DEL TRABAJO. PERSPECTIVAS Y RECOMENDACIONES.
Mariachi, X. - Mariachi, X.
Cambridge, Diciembre 2005

INTRODUCCIÓN

El trabajo dignifica, en cuanto ocupa y entretiene al intelecto y/o requiere de esfuerzo físico que mantiene el cuerpo en actividad, ocupado. El concepto de la dignificación del trabajo, se entiende a veces de dos maneras diferentes, a saber:
en cuanto al producto de dicho trabajo, y en cuanto a la realización del trabajo en sí. En el siguiente capítulo se analizará la primera, nombrándola como la perspectiva utilitarista, y posteriormente nos ocuparemos de la segunda, para la que se propone el nombre de perspectiva natural.
A continuación, se introduce la perspectiva humanista, en un tercer capítulo escrito por un segundo autor, mostrando una visión diferente sobre el tema.
Finalmente se ofrecen valoraciones y recomendaciones de tipo práctico por parte del autor principal.

LA PERSPECTIVA UTILITARISTA

El hecho de entender la dignificación del trabajo en cuanto a la utilidad del producto de dicho trabajo, es ciertamente importante. El trabajador debe entender la dignificación de su trabajo en cuanto a su propia opinión sobre la utilización de su trabajo, aun cuando por definición este conocimiento sobre la utilización del trabajo es estimado. Mediante un ejemplo simple, podríamos decir que un operario que sabe que está trabajando para crear la bomba atómica, pero está en contra de la creación de dicho arma, no debe tener su trabajo por digno. Si por el contrario, su opinión acerca de la creación de la bomba atómica es positiva, entenderá su trabajo como digno.
Dentro de esta exposición, si suponemos fijo el estado de opinión del trabajador (lo cual tiene gran importancia práctica como veremos después), podemos distinguir que la opinión del trabajador sobre la estimación que él mismo realiza sobre la utilización de su trabajo es constante. Es decir, el trabajador mantiene una cierta opinión sobre una cierta estimación sobre la utilización de su trabajo, la cual sólo puede variar si cambia dicha estimación. Siguiendo con el ejemplo anterior, un trabajador mantiene en general una cierta opinión sobre el uso de la bomba atómica. Pero su idea sobre la dignificación de su trabajo podría variar significativamente si de súbito tiene conocimiento de que su trabajo va a ser utilizado para dicho fin.
En el párrafo anterior, la importancia práctica referida consiste en la constatación de que, en general, un sujeto está regido por ciertos valores morales, que si bien no son constantes, cambian raramente, y en su caso suele tratarse de ligeras variaciones. Cambios radicales muy raramente suelen darse, y cuando se dan, vienen a traer un nuevo estado de opinión que, de nuevo, se suele mantener constante en general. La aplicación práctica de este artículo requiere cierta constancia en los valores morales del individuo. En cualquier caso, no es ésta la temática de este artículo.
Esto nos lleva en último término a valorar la dignificación del trabajo, dentro de esta perspectiva, como dependiente de una única variable: la estimación que el trabajador hace sobre la utilización de su trabajo. Dicha estimación, es imperfecta por definición, lo cual proporciona intranquilidad al trabajador, ya que de ella depende la valoración moral de su trabajo dentro de esta perspectiva.
La utilización de dicho trabajo puede llevarse totalmente a cabo por el propio trabajador, totalmente a cabo por personas ajenas, o cualquier combinación de estos dos factores. En general, cuando la utilización del trabajo depende totalmente del trabajador, la estimación de su utilidad va a hacerse más asequible para el trabajador, y por contra, a mayor grado de utilización del producto del trabajo por parte de personas ajenas, mayor es el grado de incertidumbre en dicha estimación. Un trabajador que cultiva una lechuga, y que tiene en mente utilizarla para su propia alimentación, puede realizar una estimación de la utilización prevista del trabajo prácticamente libre de error. En cambio, un trabajador para la administración del estado, si bien puede encontrar que el producto de su trabajo no es lo suficientemente importante para preocuparle, no puede estimar con tanta precisión las consecuencias de su trabajo.
Vemos que la dignificación del trabajo depende, dentro de esta perspectiva, de la estimación de su utilización por parte del trabajador, que como hemos visto es incierta, y en la mayoría de los casos difícil de calcular. Difícilmente puede considerarse que es sencillo conseguir cierta paz interior con este planteamiento, a no ser, como algunos seguidores de esta corriente han hecho, que se opte por el mayor control posible de la utilización del producto del trabajo.

LA PERSPECTIVA NATURAL

En esta perspectiva se engloba la caracterización de la dignificación del trabajo en cuanto a la realización del trabajo en sí, y lo que esta misma causa en referencia al trabajador, desproviéndolo de su utilización.
Según este principio, el trabajo dignifica al trabajador en cuanto su realización es buena para el trabajador. Esta definición, que puede parecer un tanto ambigua, es por otro lado difícil de refinar, dado que la bondad de la realización de un trabajo depende del juicio del propio trabajador. Esta perspectiva, cercana al hedonismo, concede como aceptable cualquier trabajo, siempre y cuando sea su realización buena para el trabajador.
Notar que, por poner un ejemplo, un trabajo de bibliotecario para un trabajador que pone como máxima prioridad para que un trabajo sea bueno para él la posibilidad de cantar en el lugar de trabajo a viva voz, no sería aceptable, mientras que un trabajo de, digamos, obrero de la construcción, gozaría de mayor grado de aceptación.
Como vemos, es la combinación de características que cada sujeto considera como buenas o malas para un trabajo, y su grado, lo que puede situar un trabajo más alto o más bajo en la lista de preferencias del trabajador.
Esta perspectiva libera de muchos problemas que la anterior perspectiva ofrece. Por otro lado, presenta problemas de índole práctico, ya que es difícil aferrarse a esta perspectiva sin notables dotes para el trabajo que uno desea realizar, o encontrarse con el hecho de que dicho trabajo deseado tiene una productividad nula que hace difícil compatibilizarlo con los planes de supervivencia del sujeto.

LA PERSPECTIVA HUMANISTA

El trabajo no dignifica una mierda. El no ceder a la corriente, a tener un trabajo en el que dejar tus inquietudes varadas, eso sí que dignifica. Claro, que todavía es peor no trabajar para quedarte tirado en el sofá viendo la tele, sin conciencia ninguna. Es precisamente la oposición al trabajo la que dignifica, siempre y cuando venga respaldada por la actividad mental, la libertad de pensamiento y la querencia por resolver los problemas. De esta manera, el intelecto viaja libre hacia lugares insospechados, en busca del conocimiento verdadero, del discernimiento, sin verse reprimido o prostituido. He aquí la pureza.

VALORACIÓN

Una persona sin grandes dotes para el trabajo, y sin una profunda actividad intelectual encontrará más sencillo aferrarse a la primera perspectiva. El propio hecho de la dificultad para encontrar un trabajo, por las condiciones del trabajador, van a acabar de manera natural buscando un sentimiento reconfortante en la creencia de que el producto de su trabajo va a ser beneficioso para uno mismo y/o otras personas. Por supuesto esta perspectiva es peligrosa, ya que puede acumular un importante potencial de represión cuyas consecuencias pueden alcanzar altas cotas de gravedad.
El trabajador con dotes para el trabajo que desea realizar, debe aferrarse a la segunda perspectiva siempre y cuando dicho trabajo tenga perspectivas de no colisionar de manera inaceptable con otras áreas vitales que el sujeto considere de máxima importancia. En cualquier caso, se recomienda al sujeto rebajar las perspectivas de satisfacción si es necesario y mantener esta segunda perspectiva, dado que manteniendo la primera perspectiva, la posibilidad de no encontrar sus dotes para el trabajo utilizadas de manera efectiva suelen causar daños de carácter irreversible en y crisis de personalidad en el trabajador.
Señalar que se entiende que, a efectos prácticos, una persona con una notable actividad intelectual no debería englobarse en la categoría expuesta en el primer párrafo, sino más bien en la expuesta en el segundo párrafo.
El autor no recomienda utilizar la tercera perspectiva, ya que su utilización durante tiempo prolongado suele conllevar reacciones parecidas a las que, según Cabo Gutiérrez[1], citando a Cicerón de Catilina, causa la traición: "corroe, carcome y afila los rasgos".

CONCLUSIONES

Se han presentado tres perspectivas acerca del trabajo. Se han analizado sus sistemas de ponderación moral, y los problemas con que se debe lidiar en cada una. Finalmente, se consideran ciertas recomendaciones para el uso de unas u otras en diferentes perfiles psicológicos.

PERSONAL

Mariachi, X.: Agradecer a Bebo Valdés y Dieguito el Cigala por poner banda sonora a la escritura de este artículo.
Mariachi, X.: Este artículo es una pérdida de tiempo.

BIBLIOGRAFÍA

1. Cabo Gutiérrez, interpretado por Jose Luis Sazatornil, "Saza". Amanece que no es poco. J.L.Cuerda, 1988.

1 comentario:

fettuchini dijo...

"citando a Cicerón de Catilina"

Jajajajajajajajajajajajajajjajajajajaja.

¡Rápido! ¿Hay algún historiador en la sala?