lunes, mayo 22, 2006

Léolo

Madre mía, vean esta película. Pura locura y literatura.

Léolo (Jean-Claude Lauzon, 1992). Ficha en Wikipedia y en imdb.

Considerada por muchos una de las mejores películas de la historia, no existe versión en DVD. La versión doblada en el emule no es de muy buena calidad así que les recomiendo que si pueden hacerse con una version original subtitulada, mejor.

10 comentarios:

Lakesis dijo...

Me encantó. Mágica. De hecho creo recordar que le dediqué una crítica en la versión 1.0 de mi blog (que por cierto, debería tratar de recuperar).

Conseguí que el Sergio la viese pero no le hizo mucha gracia. Supongo que a ratos se vuelve demasiado escatológica para algunos estómagos...

sergio dijo...

A mi no me molo mucho esa peli, la verdad. Pero ya sabes... "sueño y no estoy loco..."

fettuchini dijo...

La tengo en mi categoría de "películas descargadas y grabadas sin ver" desde hace más de un año. El motivo de que la bajara fue ESTA reseña:

"Léolo. 1993 (Canadá, Francia) Dir: Jean-Claude Lauzon: Después del cagueta y el trastornado, ahora le toca el turno al punk. A ese chico que se sienta en el porche de su casa a disparar con su escopeta de juguete a todos los coches que pasan, Léolo. Hablar de esta película no es fácil porque es la mejor película de todos los tiempos, no obstante, su autor, Jean-Claude Lauzon, puso toda la carne en el asador porque de algún modo debía presentir que, al poco de terminarla, palmaría en un accidente de avión. Se trata de un poema visual sobre el hecho de soñar y crear, pero muy especialmente, trata sobre verbalizar. Y de qué forma. Verbalizar sin público. En tu cabeza, de ti para ti mismo. Para no morirte en vida. De ahí el lema que se repite constantemente “porque sueño, yo no lo estoy [loco]”. Leo Lozeau es un muchacho que forma parte de una familia de dementes y retrasados. Pero el asunto no le preocupa demasiado, sin ningún tipo de complejo se inventa su propio origen al margen de esa casta de chalados. Él es Leolo Lozonne. Un día un italiano estaba masturbándose frente a unos tomates que se exportaban al Canadá desde su pueblecillo transalpino y por un extraño accidente uno de ellos terminó en el interior de la vagina de la madre de Léolo, que quedó encinta. En realidad la familia es francófona y vive en Montreal, con lo que ante tal sin dios de culturas, Léolo opta por la que más le gusta, aunque no esté allí presente, la italiana, porque “Italia es demasiado bonita para dejársela sólo a los italianos”. Toda la historia transcurre al ritmo de la narración de los textos que escribe Léolo, que son leídos por un extraño ser que mora por la zona hurgando en las basuras, donde ha encontrado los diarios del chaval. Léolo no sabe que le leen. Por eso la historia se convierte en un pequeño catalejo por el que se diferencia su vitalidad entre el mar de inmundicia que es su barrio. Pero el chico no se apoya en ningún público, todas sus palabras van a la basura y, por arte cinematográfico, llegan a nosotros. La película describe un retrato de la preadolescencia. Tiempo de despertar sexual, Léolo se masturba introduciendo el pito en un hígado –supongo que de vaca- al que con una navaja le ha hecho una rajita; y tiempo de odios y rabietas viscerales, Léolo intenta ahorcar a su abuelo porque paga a la chica que le gusta para que le enseñe las tetas y le chupe los dedos de los pies y porque él ya le había intentado asesinar antes. En general, Léolo odia a su familia, salvo a su madre -“mi madre tenía la fuerza de un gran barco navegando por un océano enfermo”- pero sí muy especialmente a su padre –“un perro que mordía su vida perra (…) un hombre con una expresión en la cara como de hola y adiós”- y se ve obligado a convivir en la misma habitación con su hermano, que desde que le pegaron de pequeño “había hecho del miedo su razón de ser” y dedicaba las veinticuatro horas del día a engordar sus músculos haciendo ejercicio (un saludo cariñoso desde aquí a todos los que os matáis en el gimnasio) para que luego, ya de mayor siendo todo un cachas, le vuelvan a pegar sin que pueda defenderse “porque el miedo habita en lo más profundo de nosotros y, ante eso, nada se puede hacer”. Con sus otras dos hermanas encerradas en un manicomio, cada una por diversas causas, y obligado a cagar diariamente pues su madre se había convencido de que “la salud florece al cagar”, a Léolo sólo le queda el mundo que está dentro de su coco, esa pequeña parcela infinita que es la imaginación, donde Bianca –la que le chupa los pies a su abuelo por unos reales- le canta dulces canciones en la preciosa Italia. Para hacerse una idea de cómo debe ser el mundo real en el que vive Léolo tenemos una escena en la que conocemos a sus amigos, una pandilla de alcohólicos encuerados que apuesta a ver si un chaval es capaz de follarse un gato –ganan los del sí. Léolo dedica unas líneas mentales al muchacho: “su madre estaba preocupada por si su hijo fumaba, por eso le olía todos los días los dedos de la mano, tranquila, su hijo no fuma, se folla todo lo que se mueve, por eso tiene el pito carcomido por las bacterias y se prostituye con su entrenador de hockey, pero no se preocupe, que no fuma porque se ahoga”. En esta tesitura el señor ese extraño que hurga en las basuras trata de hacerle llegar al profesor de Léolo los textos que ha encontrado, pero éste, especialista en judo, pasa olímpicamente de ellos e ilustra al viejo: “en este pueblo todos los chicos serán carpinteros, y los que sepan escribir bien pondrán multas si pueden entrar en la academia de policía”. Consciente de ello y terriblemente aburrido, Léolo se come todos sus escritos con la intención de quitarse la vida “había disparado contra todos y ya era hora de apuntar la pistola hacia mi boca”. Por lo que termina, como el resto de su familia, en el manicomio. Qué debemos sacar en claro de esto, que los peces de colores con una visión más aguda de la realidad tienen que poder compartirla con alguien, sino se ponen mustios. No todo el mundo puede hacer en esta vida como el hermano de Léolo, al que un orientador del colegio le pide que dibuje lo que quiera en un folio en blanco y al cabo de una hora se lo devuelve tal cual: “he dibujado un conejo blanco en la nieve ¿no lo ve? Está ahí”.

Y todo esto sacado de uno de los mejores blogs:

http://www.me-teneis-contento.blogspot.com/

xmariachi dijo...

es la misma resenia que me hizo saber de la peli en su dia, hace meses.

xmariachi dijo...

sergio dedicale una revision co.

fettuchini dijo...

Ah, vale. No sabía que leías ese blog. Digamos que es uno de mis blogs de cabecera. Perdonando lo presente, claro.

xmariachi dijo...

pues creo que solo lo lei ese dia.

El Abuelo dijo...

Justo ayer lei una entrevista en la que el entrevistado decia que le gustaban las peliculas en las que pasaran cosas posibles, y como ejemplo de las que no le gustaban: Léolo y Delicatessen.

Diego: hoy te he enviado las copias por correo certificado. Acuérdate de pedir permiso a los interesados, o avisarles por lo menos. Ya sabes la sgae tiene ojos hasta en culos extranjeros.

xmariachi dijo...

pues si. muchas gracias.

xmariachi dijo...

ah y lo de las cosas imposibles, pues no se yo a que se refiere la verdad. Yo no recuerdo nada imposible. Raro si, como lo de la pasion de su familia por la mierda, pero eso es otra cosa.