Y se sentó.
Auscultando el mundo desde la taza, como un murciélago.
Callado, estático. Mínimo.
Con la luz apagada, pero con la puerta abierta, advirtiendo el mundo ahí fuera, tras la transparente barrera que formaba el dintel de la puerta del cuarto de baño. Insignificándose.
Viendo sin ser visto, aun sin mirar demasiado.
Quieto, silente.
Ungiendo el aire de olor pestilente.
Regalando al mundo su porción de hez, sacralizando ese contacto con el ser natural, por medio de la dedicación plena a la función excretora.
Siendo el cuerpo, sintiendo los órganos.
Siendo hombre.
sábado, diciembre 01, 2007
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1 comentario:
No me quiero ni imaginar el peazo zurullón que echaste 5 minutos antes de escribir esto...
Por lo menos, te lavarías las manos antes de tocar el teclado ¿no?
Por lo demás estoy de acuerdo con la parte alegórica de vuelta a la naturaleza y exaltación de los instintos más animales del ser humano (que, obviamente, podemos percibir aquí) :D
Menos mal que los blogs no huelen… ¡aún!
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