domingo, noviembre 29, 2009

España Invertebrada - Ortega y Gasset - Obligada lectura para nacionalistas

Vengo leyendo a pequeños ratos un ensayo de José Ortega y Gasset, España invertebrada, escrito a principios de siglo XX. Es un análisis de la historia de España y su situación en aquél momento de la historia. Sin embargo, los análisis de don José no se quedan ahí: esa es la excusa para hablar de todo lo que acontece a una sociedad. No pretende pontificar ni decir cómo hay que hacer las cosas: es una disección del ánima colectiva, un análisis en profundidad del espíritu español. Y ya se dice, pinta a tu aldea y serás universal: mucho de lo que aquí se expone es fácilmente extrapolable, salvando las distancias, a todo aquél grupo humano.

Llevo leídas unas ochenta páginas. Pero cada párrafo de cada una de ellas merece una columna propia. Además, escribe Ortega en un estilo literario, poético, y a la vez concretísimo para una obra filosófica.

Es increíble la de información jugosa que ofrece este libro, que yo recomiendo sobre todo a todo aquél que tenga opiniones políticas en el campo del nacionalismo y el particularismo (palabra creada por Ortega que significa el impulso de una parte de desligarse del todo al que pertenece). Probablemente, cada cual encontrará que algunas páginas parecieran justificar e incluso apoyar sus tesis, y que otras lo irritan profundamente - independientemente del color político. Así es este libro: expone la realidad tal cual es, sin esconder nada - aquella verdad enemiga de la imposición y el márquetin de idearios que sufrimos todos los días.

He encontrado este libro con una vigencia increíble en el día de hoy, en tanto que se basa en universales en lo posible para sostener sus ideas. Observación. Entre los días en los que se escribió este texto, hasta estos días, han ocurrido muchas cosas que parecen haber sido previstas por don José - o al menos son continuación lógica de su análisis de la situación allá por 1922.

A continuación pego aquí solamente un par de párrafos que he leído hoy. Juzguen ustedes su vigencia en estos días.


Es penoso observar que desde hace muchos años, en el periódico, en el sermón y en el mitín, se renuncia desde luego a convencer al infiel y se habla solo al parroquiano ya convicto. A esto se debe el progresivo encanijamiento de los grupos de opinión. Ninguno crece; todos se contraen y disminuyen. [...] Nos falta la cordial efusión del combatiente y nos sobra la arisca soberbia del triunfante. No queremos luchar: queremos simplemente vencer. Como esto no es posible, preferimos vivir de ilusiones y nos contentamos con proclamarnos ilusamente vencedores en el parvo recinto de nuestra tertulia de café, de nuestro casino, de nuestro cuarto de banderas o simplemente de nuestra imaginación.



o este otro:

Así, un político irradiará tanto de influjo público cuanto sea el entusiasmo y confianza que su partido haya concentrado en él. Un escritor logrará saturar la conciencia colectiva en la medida que el público sienta hacia él devoción. En cambio, sería falso decir que un individuo influye en la proporción de su talento o de su laboriosidad. La razón es clara: cuanto más hondo, sabio y agudo sea un escritor, mayor distancia habrá entre sus ideas y las del vulgo, y más difícil su asimilación por el público. Sólo cuando el lector vulgar tiene fe en el escritor y le reconoce una gran superioridad sobre sí mismo, pondrá el esfuerzo necesario para elevarse a su comprensión. En un país donde la masa es incapaz de humildad, entusiasmo y adoración a lo superior se dan todas las probabilidades para que los únicos escritores influyentes sean los más vulgares; es decir, los más fácilmente asimilables; es decir, los más rematadamente imbéciles.
Lo propio acontece con el público. Si la masa no abre, ex abundantia cordis, por fervorosa impulsión, un largo margen de fe entusiasta a un hombre público, antes bien, creyéndose tan lista como él, pone en crisis cada uno de sus actos y gestos, cuanto más fino sea el político, más irremediables serán las malas inteligencias, menos sólida su postura, más escaso estará de verdadera representación colectiva. ¿Y cómo podrá vencer al enemigo un político que se ve obligado cada día a conquistar humildemente su propio partido?

2 comentarios:

fettuchini dijo...

"En un país donde la masa es incapaz de humildad, entusiasmo y adoración a lo superior se dan todas las probabilidades para que los únicos escritores influyentes sean los más vulgares; es decir, los más fácilmente asimilables; es decir, los más rematadamente imbéciles."

Hombre, esto es una verdad universal que se cumple para todos y cada uno de los países. Lo que Ortega dice como defecto, Goebbels lo defendía como virtud.

Xmariachi dijo...

Correzto.
Generalmente primero expone teorías universales, y luego dice cómo afectan a España. A unos países afectan más unas cosas que otras... y Ortega viene a señalar lo que aqueja a España especialmente.

Muy bueno lo de Goebbels por cierto.