lunes, diciembre 14, 2009

El mercado inmobiliario y la crisis en la Roma antigua

Recientemente expuso el siguiente letrero: «Cayo Pompeyo Diógenes, por haberse comprado una casa, alquila su desván a partir de las calendas de julio» . Y aquel otro que está echado en el sitio del libertino, ¡qué vida la que se ha dado! y no se lo reprocho porque, después de haber visto hasta un millón de sestercios, ha caído en la miseria. No creo que tenga libre de hipoteca un solo pelo suyo. Y, por Hércules, que no fue por su culpa. No hay hombre mejor que él, pero son los canallas de sus libertos los que se han aprovechado de todo. Aprende esto: nunca se cocina bien en la cacerola de los socios, y los amigos desaparecen cuando la situación empieza a decaer.

Así como lo ves, antes se dedicaba a un negocio muy decente pues era empresario de pompas fúnebres. Solía cenar como un rey: jabalíes con su gausapa, prodigios de pastelería, aves de toda clase, cocineros, panaderos... Debajo de su mesa corría más vino que el que cualquiera de nosotros posee en su bodega. Un sueño, no un hombre. Cuando sus negocios bajaron, y como tenía miedo de que sus acreedores se diesen cuenta de lo mal que le iba, anunció una subasta que decía: «Cayo Julio Próculo rematará lo superfluo de su mobiliario.»

El Satiricón.
Petronio, siglo I (c. 60)