lunes, septiembre 20, 2010

Belen Esteban como ejemplo profesional

Generalmente, a mucha gente con cierta educación y cultura, estudios superiores o un sentido del buen gusto, nos repatea ver en la tele el jeto dominante de Belén Esteban imperando sobre la pequeña pantalla, colándose en los hogares de cientos de miles de españoles a golpe de vociferio.

La sola visión de esperpento tal nos retuerce las tripas y nos entrena para ser plusmarquistas de velocidad de zapping en sofá de salón indoor. Mientras tanto, no nos damos cuenta de que ella, Belén Esteban (cámbiese por Paris Hilton, las hermanas armenias esas o tantos otros petimetres al gusto), es la abanderada de una nueva economía que, observando detenidamente la historia económica del ser humano, tiene todas las papeletas de convertirse en una de las opciones laborales de mayor proyección profesional.

Como sabemos, cada vez una mayor parte del trabajo mecánico o programable que esta especie animal a la que pertenecemos necesita está automatizada y se lleva a cabo por máquinas. La demanda de servicios crece igualmente, pero estos servicios tienden cada vez más a buscar ese elemento humano, imprevisible, sorprendente, que genere emoción, que nos distinga del resto de seres programados, metálicos, robóticos y en definitiva, previsibles. El bien de consumo al que me refiero es claro: la persona.

El elemento humano anteriormente mencionado hoy en día tiene dos vertientes: la del esfuerzo, superación y logro, que transmite emociones basadas en la competición, y que generalmente es transmitido por vía del deporte y es observado eminentemente por público masculino; y la de la sorpresa, espontaneidad, y en definitiva, empatía, que es observado eminentemente por público femenino y que generalmente es transmitido por vía de programas del corazón.

Igual que ser deportista profesional es cada vez más visto como una opción profesional tan válida o más que cualquier otra, pasando de verse como un estigma familiar a ser motivo de orgullo; lo mismo ocurrirá con el, llamémosle así, petardeo, gente cuyos méritos profesionales son ser capaz de generar emociones en el espectador y expresión clara de las propias, hacer gala de un ego y autoestima exorbitante, exhibir espontáneamente su ser, capacidad de generación de conflictos apropiados y como norma general, no quedarse nunca callado.

Ya sabéis: si queréis educar a vuestros hijos en una profesión productiva, el petardeo es una opción de futuro. Eso sí, no os hagáis ilusiones: no todos valen; y de los que valen no todos llegan a la cima.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Buen post! no estoy muy deacuerdo pero me ha recordado este genial sketch de josé mota:

http://www.youtube.com/watch?v=dg5OmGLcGUA&feature=related

Xmariachi dijo...

Buen sketch, no lo conocía.
Gracias.

fettuchini dijo...

Completamente de acuerdo.
A su manera, los "famosos" del Callejeros de Cuatro cumplen exactamente la misma función.

Xmariachi dijo...

Sí, pero no cobran.
De ahí la multiplicación (y multidifusión) de este tipo de formatos. Contenido en boga por cuatro duros.

Se podría decir que mientras los reality-shot (término que me invento para decir los programas que van por ahí, graban y se van, sin solución de continuidad) son como las series de capítulos autoconclusivos, mientras que los programas del corazón mantienen una trama que se extiende en el tiempo, y que es necesario conocer para poder degustarla en su totalidad.

Anónimo dijo...

Ale como te ha gustado te pongo link a un audio de gomaespuma q mantiene cierta relación con el post con un pequeño comentario xD

http://www.gomaespuma.com/Podcast/Detalle/?posicion101=1599

Xmariachi dijo...

Gracias, muy bueno. Hacía tiempo que no escuchaba a Gomaespuma.