jueves, septiembre 02, 2010

Relato: Mercenarios

Solía complacerme con la palabra mercenario. Adoraba la libertad que me ofrecía mi trabajo, y la sensación de poder que obtenía: era yo quien decidía mi destino, dónde luchar, para quién luchar... dónde emborracharme, dónde parar. Y cada día, cada recompensa era algo que celebrar.

Sin embargo, aunque hace poco tiempo que dejé aquella vida, en mi corazón resuena muy lejano. No sé si fue el vivir con los niños, con padre, con mi mujer... el trabajo rutinario, en el mismo sitio... yo qué sé. Las tardes en la hamaca, con la brisa fresca de las noches de verano. No lo sé.
Cuando volví aquí empecé a pensar. Deduzco que es lo mismo que decir "hacerse viejo". No me quejo de mi vida, pero recuerdo aquellas sensaciones.

Ahora, la palabra mercenario me suena mucho peor. Suena a algo que no querría ser: alguien que hace lo que le mandan, por dinero, sin ningún otro interés, ni ganas de valorar el efecto de sus actos. Sólo dinero y aventura. Me parece que es ser menos persona. Y sin embargo nunca me he sentido más vivo.
Hoy día no podría resistir el acero de un mercenario. No podría volver a aquello, ni aunque quisiera. Hay días para todo, y ahora me veo más cerca de ser, digamos, el alcalde del pueblo, que de ser el guerrero sanguinario que fui.

Veo atardecer mientras los niños corretean unos metros más allá. No querría que ellos fueran como yo.

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