martes, octubre 05, 2010

Lenguajes estructurados

Rebusqué en mis zapatos y sólo hallé garfios de pescar. A medida que la luna iba tramitando la reserva de su viaje, un lagarto apresaba el último rayo de sol que quedaba en la tienda. Los fideos escupían largas cortinas de madera. Una carta cortaba el aire en relación a los músculos que su cuerpo extendía sobre un baúl gris y muermazo. Los botones ofrecían bonos de diez copas para gastar en minúsculos barracones con vino y lentejas, resoplando en vasos sinusoidales de altura pi centímetros. Un hilo alcanzó a una cobra y se lo jugaron todo, como si fuera el fin del mundo. Según uno hubo perdido, el otro levitaba por encima de la torre de marfil que un ratón diseñó cuando su madre, enfadada, le dejó sin cena por haber roto el ladrillo que los cobijaba del ataque de las margaritas sabor de fresa, que con los chicles sabor sandía formaban elásticas hordas de color rojo oscuridad que penetraban por el orificio genital de una cobaya de almacén que solía prodigarse con sus visitas de color azul cobarde. El pelo soplaba. El musgo se rendía.



"Desde el INSTITUTO ARAGONÉS DE EMPLEO (...) le informamos que se ha programado el siguiente curso: PROGRAMADOR DE LENGUAJES ESTRUCTURADOS".

Bah, no creo que lo necesite.

No hay comentarios: