lunes, octubre 22, 2012

El auge independentista


Cuando era adolescente, allá por los noventa, con ETA en las noticias una semana sí y otra también, ya pensaba yo que Cataluña sería independiente antes que el País Vasco. Más que nada, por el cauce que seguían: gradualmente, como una hormiguita; y para cuando te des cuenta no tienes otro remedio. Me parecía que si había que hacerlo, era así.
 


Sin embargo, el hecho de que el independentismo sea mayoritario en algunos territorios que integran España, se basa en que España, como proyecto, viene dejando mucho que desear desde hace siglos.

Ortega y Gasset hacía notar este hecho. Era necesario un proyecto ilusionante en España, ilusionante y vertebrador de los distintos territorios de España, para que se quiera formar parte de España. Si no se quiere formar parte de una estructura, tarde o temprano se busca una salida. Si tal proyecto se hubiera dado, me consta que no existiría tal auge independentista en algunas regiones españolas.

Revisemos la estructura supranacional superior a España, por ejemplo. Europa. ¿Se ha venido dando, por contra, un furor hacia la salida de Europa que sea comparable? ¿En algún lugar de la Unión Europea? No, y la razón es que la Unión Europea ha sido un proyecto ilusionante, un proyecto aglutinador donde la gente quiere estar.

Y hablo en pasado porque es también notorio que, a la vista de los acontecimientos socioeconómicos de los últimos cinco años en Europa, se está empezando a dar un cierto desapego hacia la Unión Europea, tanto en España como en otros países como Grecia. ¿Y por qué? Porque la Unión Europea, a día de hoy, ha experimentado un fuerte descenso en su credibilidad y popularidad, ya que se está desvelando como una entidad ineficaz para ofrecer soluciones para sus miembros. El proyecto Europa está perdiendo puntos porque estamos viendo sus vergüenzas. Está dejando de ser el proyecto común, de unión de fuerzas, para verse como un edificio en el cual unos vecinos se aprovechan de otros. Lo cual hace que se le quite a uno la ilusión.



En las elecciones generales españolas de 2004, ERC, el único partido con representación parlamentaria que se posiciona claramente a favor del independentismo catalán, pasa de tener un diputado a tener ocho. ¿Razones? En la legislatura anterior, el PP de José María Aznar, con una mayoría absoluta que le permitía quitarse la careta y atacar a lo catalán sin miedo a perder los apoyos de CiU que fueron necesarios en su gobierno de la legislatura anterior, utiliza el desdén y antipatía por lo catalán(y los nacionalismos regionales en general) como arma electoral especialmente contra el PSOE. ¿Cómo un partido como ERC podría lanzar una campaña tan potente como para quintuplicar sus votos? No lo hizo ERC: lo hizo el PP y sus grupos mediáticos afines. El PP le hizo a ERC la campaña de su vida. Cataluña empezó a pensar seriamente que "por aquí vamos mal".

Volvemos a las siguientes elecciones, en 2008. Para entonces, Zapatero había aliviado la tensión en el diálogo España-Cataluña. El proyecto de España que proponía Zapatero tenía en cuenta las peculiaridades de Cataluña de una manera mucho más notable. El clima había cambiado y mucho. Eso sí, la oposición seguía en su maniobra de identificar al PSOE como el partido que va a "romper España". Resultado: ERC, que continúa siendo la única fuerza política identificada con el independentismo con representación en el Congreso de los Diputados, tras el excelente resultado de la legislatura anterior, obtiene nada más que tres diputados. La independencia deja de ser una opción tan popular. Puede ser que nuevos caminos dentro de España sean posibles, si se dan los marcos convenientes y existe diálogo, etc. Se recobra algo de ilusión.

Los principales responsables del auge del nacionalismo no se encuentran en Cataluña o el País Vasco, se encuentran en el resto de España.

Los políticos de PP o PSOE se dedican a atacarse por ver quién es el mayor defensor de España ante la amenaza nacionalista. A los políticos españoles les ha convenido, en una visión cortoplacista de la que tendrán tiempo de arrepentirse, utilizar electoralmente el odio hacia las regiones con aspiraciones nacionalistas. En el resto de España se vende muy mal el negociar con partidos nacionalistas, y da rédito electoral el identificar a tu rival político con el nacionalismo, ya que éste directamente es El Mal. Esto ha sido utilizado desde el otro lado, la prensa nacionalista catalana, para ejercitar el victimismo postulando con facilidad que "en España nos odian".

Y a tenor de la mayoría de la prensa escrita de difusión nacional, es difícil contradecirles. La prensa derechosa (desde El Mundo hasta La Gaceta pasando por ABC y La Razón) utilizan cualquier noticia para escandalizar a la gente con "los horrores que llegan de Cataluña". En estos periódicos, el interés por atacar a lo catalán es evidente. Esta manipulación, que alienta el nacionalismo español en el resto de España (que presumiblemente aumentará el voto del partido que más hace gala de ser más español que nadie, el PP), alienta el independentismo en los territorios sensibles con el tema.

De nuevo, con una nueva mayoría absoluta del PP, y con una crisis económica acuciante, arrecia la tormenta del nacionalismo. El PP, en menos de un año que lleva de gobierno, no hace más que avivar el fuego. Uno piensa si no es el PP el partido que está más a favor del independentismo catalán. Quizá estime que en el fondo le conviene una escisión de aquellos territorios, donde su partido lleva obteniendo resultados pírricos desde el inicio de la democracia, llueva o haga sol. Desde luego, como tal se comporta.


Resultado: una manifestación multitudinaria a favor de la independencia, y el posicionamiento de CiU, un partido tradicionalmente autonomista y aliado del PP en la mayoría de materias, en el lado de la independencia.
La tesis del PP para el tema del nacionalismo parece ser diálogo cero, y como os pongáis brutos, usamos la fuerza. Cataluña, o es españolista o no es. Y a este paso, pues no será... parte de España.

Y mientras tanto, en Euskadi, los partidos nacionalistas e independentistas suman 48 de 75 diputados en las elecciones al Parlamento Vasco.

Como comenta Goyo Jiménez al comienzo del monólogo, uno es más o menos nacionalista según el placer que te den de fuera.

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